Enri Mancini, un gran compositor

Enri Mancini, un gran compositor

14 junio, 2019 0 Por Reconquistaenfoco

Sin su música no puede imaginarse a Audrey Hepburn mirando los escaparates de Tiffany’s. Ni a John Wayne cazando rinocerontes y enamorándose de Elsa Martinelli. Ni a Cary Grant y Audrey Hepburn perseguidos en un París de ensueño.

Sin su música algunas de las mejores películas de Orson Welles, de Howard Hawks, de Stanley Donen, prácticamente todas las de Blake Edwards, hubieran sido menos elegantes, menos sugestivas, desde luego menos hermosas.

Henry Mancini tenía el don de una gracia leve y exquisita, de una elegancia no superficial -teñida de un necesario spleen- que contaminaba toda la película. Tuvo la suerte de encontrarse con los filmes en los que su sofisticado talento podía desarrollarse solarmente, y éstos tuvieron a su vez la suerte de encontrarse con él y, entonces, ser realmente perfectos.

Como ningún otro, Mancini representó al nuevo músico de cine que los vertiginosos cambios del Hollywood de finales de los años cincuenta precisaba.

Desde que Alex North había conmocionado en 1951 el mundo (le la música cinematográfica con la banda sonora de Un tranvía llamado deseo, el jazz se abría paso con fuerza en Hollywood. Era la ocasión de oro para Henry Mancini (Cleveland, Ohio, 1924), músico formado en el jazz, pianista y arreglista de la orquesta de Glenn Miller, que en los primeros cincuenta vegetaba en el departamento musical de la Universal, ocupándose de arreglos de películas jaz2:ísticas, como las biopics sobre las vidas de Glenn Miller y Benny Goodman, o componiendo músicas de fondo para series B de terror como Tarántula, de Jack Arnold.

La oportunidad

Fue Orson Welles el primero que le dio, una oportunidad importante, al encargarle la partitura, toda jazzística, de Sed de mal. Ese mismo año, 1958, deja la Universal para trabajar como independiente y sella su destino al encontrarse con el realizador Blake Edwards, que le encarga la sintonía de la serie televisiva Peter Gunn.

En 1994, un día como hoy falleció el gran compositor Enri Mancini.

Con Edwards -con quien mantendrá una larguísima y ejemplar colaboración en casi todos sus títulos- Mancini encuentra lo, gloria cinematográfica al seguirle en su paso de la pequeña la gran pantalla. En 1961 obtiene dos oscars de la Academia por Desayuno con diamantes -mejor partitura original y mejor canción- y en 1962 obtiene otro por su canción para Días de vino y rosas.

Desde ese momento, Mancini se convierte en el compositor de moda, en el máximo representante del nuevo Hollywood de los sesenta. Howard Hawks despidió del rodaje de Hatari al grandísimo Dimitri Tiomkin, uno de los grandes sinfonistas del cine clásico, para contratar a este imparable Mancini, que le corresponde componiendo para la banda sonora del filme el gran éxito Baby elefant walk. Es el símbolo del inicio de una nueva era.

Mancini tuvo el talento, la sensibilidad y el sentido de lo cinematográfico necesarios como para que sus bandas sonoras fueran a la vez éxitos millonarios en ventas de discos, standards de larga vida en los repertorios de los mejores cantantes y jazzistas, y eficaces elementos dramáticos dentro de las películas.

Las pruebas son contundentes. Las ya citadas películas de Blake Edwards más La pantera rosa, La carrera del siglo, Darling Lili o Víctor o Victoria siempre con el mismo maestro. Las extraordinarias Charada, Arabesco o Dos en la carretera con Stanley Donen. En todas ellas Mancini desveló matices que no estaban en las imágenes, dilató su elegancia, profundizó su melancolía, las aproximó realmente al corazón y a la memoria de los espectadores.