El caso Watergate

El caso Watergate

17 mayo, 2019 0 Por Reconquistaenfoco

En la mañana del sábado 17 de junio de 1972, Bob Woodward, periodista del Washington Post recibió una llamada de su editor para que se dirigiera a cubrir una audiencia judicial en la que serían presentados cinco sospechosos de haber asaltado, en la madrugada, la sede principal del Comité Nacional Demócrata, en el complejo de edificios Watergate, en Washington.

Woodward, que no llevaba ni un año como reportero en el diario, pensó que se trataba de una cobertura insignificante.

Al llegar al juzgado, se sentó desganado en una de las últimas bancas, pero cuando el juez le preguntó a James Mc.Cord, uno de los arrestados, dónde ejercía su oficio y este respondió que en la CIA, entonces Woodward se cambió a primera fila.

Con ese episodio, arrancó el proceso de investigación periodística más importante y emblemático de la historia de Estados Unidos que llevó el 8 de agosto de 1974 a la dimisión del  presidente Richard Nixon.

El escándalo, que rodeó la revelación de actividades ilegales por parte de la administración republicana de Nixon durante la campaña electoral de 1972, justamente comenzó con el arresto de esos cinco hombres que estaban instalando equipos de grabación y fotografiando documentos en las oficinas demócratas.

Los cinco hombres eran Virgilio González, Bernard Baker, James W. McCord, Eugenio Martínez y Frank Sturgis, todos miembros de la CIA. 
Ellos y E. Howard Hunt Jr. y Gordon Liddy fueron imputados por conspiración, robo y violación de las leyes federales sobre intervención de las comunicaciones. Fueron condenados en 1973.

Todos habían trabajado para el comité de reelección de Nixon. Pero la conspiración alcanzaba a miembros de esferas más altas del gobierno. 
Después de múltiples peripecias judiciales la implicación de la administración de Nixon se fue haciendo cada vez más evidente. En abril de 1973, Nixon aceptó parcialmente la responsabilidad del gobierno y destituyó a varios funcionarios implicados.

La existencia de cintas magnetofónicas incriminatorias del presidente y su negativa a ponerlas a disposición de la justicia llevaron a un duro enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Judicial. La opinión pública forzó finalmente a la entrega de esas cintas, en 1974, que claramente lo implicaban en el encubrimiento del escándalo. La evidencia hizo que Nixon perdiera sus últimos apoyos en el Congreso. El 8 de agosto comunicó su renuncia al cargo. Su vicepresidente, Gerald Ford, accedió a la presidencia e inmediatamente otorgó un perdón incondicional a Nixon.

El escándalo no solo provocó la dimisión de Nixon, sino que mandó a prisión al jefe de personal de la Casa Blanca, H.R. Haldeman, y al consejero presidencial John Ehrlichman.

El impacto que tuvieron las casi 400 notas periodísticas que publicó el Post fue determinante en el desenlace de los hechos, pues el tono de la investigación cambió cuando Mark Felt, entonces el número dos del FBI y bautizado como Garganta profunda, comenzó a filtrar información a Woodward y Carl Bernstein, otro reportero del Post que se unió desde el inicio a la investigación.

“Con el caso Watergate la prensa de Estados Unidos empezó a marcar distancia del poder político en forma intrépida y a veces desafiante y obsesiva, pero que al final impidió que los esfuerzos y amenazas de Nixon, detuvieran la búsqueda de la verdad”, expresa Gerardo Reyes, periodista investigativo del Nuevo Herald de Miami.

El caso de Watergate es un hito en la historia del periodismo porque es el resultado de un esfuerzo auténticamente periodístico por denunciar los actos de corrupción y de encubrimiento, sobre todo del gobierno más poderoso del mundo; pero más allá de eso, es una lección de independencia de la prensa respecto al poder y de una gran integridad de no dejarse intimidar, dice Reyes.

De ahí que el argentino Daniel Santoro, otro ícono del periodismo de investigación en América Latina, exprese que a 35 años de la caída de Nixon, gracias a la investigación del Washington Post, el rol del periodismo de investigación, como perro guardián de la democracia, es hoy más importante que nunca en América Latina. “Además, frente a la revolución tecnológica, solo va a sobrevivir el periodismo de calidad, una de cuyas patas es la investigación, añade.

En el contexto actual, donde el periodismo en ciertos países como Venezuela, Ecuador y Bolivia intenta ser intimidado desde la esfera oficial a través de la descalificación y clausuras de medios, ¿hubiera sido posible un Watergate?

“Watergate fue atendido por un fiscal y por organismos que investigaron. Pero en nuestros países, sobre todo en estos países en los que el Ejecutivo influye en los organismos de control, la denuncia queda sin ninguna o con una mínima consecuencia legal porque el gobierno siempre está diciendo que es producto de una campaña para desprestigiarlo o desestabilizarlo”, responde Reyes.

Pero sin lugar a dudas, asevera Santoro, el grano de arena que los periodistas podemos aportar a la mejora de la calidad de la democracia, está en investigar a los gobiernos, a las iglesias, a las corporaciones privadas y otros poderosos y no quedarnos solo con sus declaraciones. “Entonces, necesitamos tiempo, empresarios periodísticos dispuestos a asumir riesgos para llegar a la verdad y gobiernos tolerantes que permitan la sanción de leyes de acceso a la información pública”.

El Watergate no solo fue importante porque renunció Nixon para evitar un juicio político del Congreso por haber mentido y usado a sus servicios de Inteligencia contra periodistas y opositores, práctica que aún ejercen muchos gobiernos latinoamericanos, también lo fue porque creó la conciencia necesaria que inició el camino del acceso a la información pública, dice Santoro, quien puntualiza que se trata de un camino hacia una cultura de transparencia, que abandone la cultura del secretismo que dejaron las dictaduras de los setenta, y de gobiernos que entiendan que rendir cuentas de sus actos no es rendir cuentas al periodismo, sino a través nuestro, a la ciudadanía.